EL HOGAR OBRERO
COOPERATIVA DE CONSUMO, EDIFICACIÓN Y CRÉDITO LTDA
Matrícula Nº 1 del INACyM - Fundada el 30 de julio de 1905
Av. La Plata 543, Primer Piso, (1235) Buenos Aires - ARGENTINA
Teléf.: (54 - 11) 4901-0200 ; FAX: (54 - 11) 4901-1741
E-mail: eho@rcc.com.ar ; Internet : http://www.eho.org.ar

 

HACE DIEZ AÑOS SE PRODUCIA LA CAIDA DE "EL HOGAR OBRERO"
(Documento Informativo EHO/180/01 del 11/12/2001)

(Publicado en el periódico EL BARRIO, Nº 33, Diciembre 2001, Nota de Tapa y Págs. 6 y 7

El fin de la inocencia

Durante 85 años la cooperativa otorgó créditos, construyó viviendas y desarrolló una inmensa cadena de supermercados, con sucursales en Villa Urquiza y Saavedra. La crisis económica de comienzos de los 90 motivó su ocaso, que perjudicó a más de 200.000 ahorristas. No obstante, la institución sueña con resurgir de entre sus cenizas.

Por Marcelo Benini

Como el Titanic, al que según los entendidos ni Dios podía hundir , la Cooperativa El Hogar Obrero aparentaba ser una institución a prueba de cualquier desastre. Basta con repasar sus números de finales de 1990 para ratificar ese pensamiento: era la primera empresa privada , ocupaba el sexto lugar en el ranking de las empresas de comercio y servicios después de cinco empresas públicas hoy privatizadas (YPF, ENTEL, SEGBA, Gas del Estado y Ferrocarriles Argentinos), daba trabajo a más de 13.500 personas, tenía la mayor cadena de comercialización de productos para el consumo familiar (con más de 300 locales) y a través de sus planes de vivienda familiar había construido numerosos barrios y otorgado millares de créditos personales. Era un inmenso emporio socioeconómico que atendía las necesidades de casi dos millones de asociados.

Como al Titanic, a El Hogar Obrero le bastó chocar con un iceberg (léase el contexto hiperinflacionario de la época y la imprevista aparición del Plan Bonex a fines de 1989, como más adelante explicaremos) para que su estructura aparentemente inquebrantable hiciera agua por todos lados y se fuera a pique con la mayoría de los pasajeros a bordo (léase ahorristas). Se trató de una auténtica tragedia que dejó en la ruina a miles de familias, las que habían confiado sus depósitos a una entidad segura y responsable. Una primera lectura de lo ocurrido nos permite concluir que la cooperativa fue la primera gran víctima de la década menemista (después la sucederían muchas otras), ya que entre otros desplantes la gestión del riojano le negó un préstamo puente de 20 millones de dólares que quizá hubieran evitado el colapso sobreviniente.

La gran obra del socialismo

El Hogar Obrero se fundó el 30 de julio de 1905 por iniciativa de Juan B. Justo, Nicolás Repetto y otros ciudadamos vinculados con el socialismo argentino. Contra la creencia generalizada, no nació como cooperativa de consumo sino con el propósito de contribuir a la solución del problema de la vivienda obrera. El primer préstamo se otorgó en 1907 y tres años después se registraban 130 casas construidas. Sin abandonar este rubro, en 1913 comenzaron a crecer paulatinamente las actividades con la incorporación de una sección de consumo: alimentos, tienda, merceria, zapateria, libreria, carbóny sastreria.

Como los aportes de los socios resultaban insuficientes para operar en tantos rubros se apeló al ahorro de los asociados. Con ello se logró cumplir un objetivo ideológico - orientar los ahorros del pueblo en beneficio del mismo sector y no con criterio capitalista - a la vez que se halló una fuente de financiamiento conveniente para ambas partes: para la cooperativa por su menor costo y para los depositantes por los beneficios derivados de su condición de asociados.

La Primera Guerra Mundial trajo varios inconvenientes. La crisis económica afectó a socios y ahorristas, muchos de ellos desocupados, que se vieron necesitados de retirar sus depósitos. Ante la imposibilidad de satisfacer con los fondos disponibles las extracciones de fondos, la cooperativa se vio obligada a elaborar listas para un pago ordenado.

También debieron venderse propiedades y afectar a estos fines recursos que normalmente habrían podido reinvertirse. Fue un proceso que comenzó hacia 1915 y cuya normalización demoró unos ocho años. En las tres décadas siguientes, años 30 al 50, se plantearon problemas de otro tipo. Algunos propios de la crisis mundial, otros producto de la creciente competencia de las empresas capitalistas y también del Estado, que impuso la congelación de alquileres, precios máximos para los productos de la canasta familiar y servicios públicos y planes de construcción y venta de viviendas con tasas inferiores a la inflación y plazos largos.

Durante la década del 60 y particularmente en la siguiente se difundieron las empresas comerciales que adoptaron la modalidad de autoservicio, reemplazando el clásico almacén de barrio y precediendo a la etapa del supermercadismo con técnicas operativas que revolucionaron el sector comercial. El auge de los supermercados tuvo lugar en los años 80, como lo demuestran estas cifras: en 1973 había en el país 1.595 autoservicios y supermercados; en 1980 eran 4.031 y en 1991 llegaban a 10.634.

Esta época es la de gran expansión de El Hogar Obrero, que adoptó la nueva modalidad a través de los Supercoops. Una última etapa de crecimiento de la entidad fueron la inauguración del Shopping Spinetto y la adquisición de la mayor parte del paquete accionario del Abasto. Después, la oscuridad.

El día menos pensado

A mediados de 1989 la situación de la cooperativa era satisfactoria. Había quedado atrás la hiperinflación del gobierno radical y un informe interno daba cuenta de “una relativa normalización de precios y abastecimiento”. Por entonces El Hogar Obrero tenía invertidos en depósitos bancarios, con vencimiento a diciembre de ese año, unos 10 millones de dólares. Pero la situación del país empeoró como consecuencia del contexto hiperinflacionario y, fundamentalmente, por la imprevista aparición del Plan Bonex a fines de 1989. Esto hizo que los depositantes de los bancos y entidades financieras vieran convertido su dinero en títulos, cuyo valor inicial de cotización era inferior al 30 por ciento. Por el contrario, la cooperativa efectuó el reembolso en efectivo a sus asociados del 100 por ciento del capital más sus intereses. Apelando otra vez a la metáfora del Titanic, el pánico ganó a los ahorristas y la mitad de ellos se arrojó sobre los escasos botes salvavidas (léase retiraron a tiempo sus depósitos).

En tales circunstancias, la entidad decidió posponer provisoriamente el reembolso de fondos por el término de 35 días. Sin embargo, la suspensión no solucionó el problema ya que los intentos de obtener prestamos para superar el trance fracasaron. La cooperativa entró en cesación de pagos y decidió presentarse en concurso de acreedores el 6 de marzo de 1991. Por entonces, los activos físicos de El Hogar Obrero eran de aproximadamente 550 millones de pesos y sus pasivos de corto plazo no superaban los 50 millones, suma equivalente al nivel mensual de ventas del conjunto de los locales de la cadena Supercoop. En 1992, meses después de entrar en cesación de pagos, se pudo apreciar que no sería un concurso orientado a eludir responsabilidades. Ese año se valió de la figura fideicomiso de bienes, a cargo del Banco Ciudad, para pagar cerca del 70 por ciento de sus obligaciones con el grueso de su patrimonio mediante la entrega de títulos patrimoniales y la venta en licitación pública de esos bienes.

Un final abierto

Del 100 por ciento de los títulos entregados por el Banco Ciudad entre noviembre de 1992 y abril de 1994 a los acreedores (proveedores y ex ahorristas), el 53 por ciento ya fueron absorbidos y cancelados. Respecto de los locales comerciales localizados en los barrios de Villa Urquiza y aledaños, la situación es la siguiente: Villa Ortúzar, devuelto a su propietario; Alvarez Thomas, vendido; Triunvirato y Cullen y Teodoro García, hipotecados a favor del Banco de la Nación Argentina; Manzanares, Cabildo y Blanco encalada, alquilados. La actual conducción de la cooperativa aclara que “ninguno de sus directivos ha sido sometido a proceso judicial o tiene causa pendientes, todos obraron de buena fe, no hay ni constancias ni evidencias que demuestren que se hayan enriquecido por su paso por El Hogar Obrero, casi todos siguen habitando en los mismos departamentos o casas donde lo hacían antes de la crisis de 1991 y siguen sobrellevando con sentido dolor la crisis de la entidad”.

Como sucede en muchos libros y películas, el final de esta historia permanece abierto. Así lo evidencia uno de los documentos que la cooperativa tiene en su página de Internet: “Tras diez años de lucha, el Hogar Obrero no ha caído, no ha sido declarado en quiebra y continúa luchando en espera de condiciones propicias que posibiliten su regreso pleno y decoroso a la vida cooperativa, quizá con otras formas de actividad pero siempre con la fidelidad principista que supieron impregnarle sus ilustres fundadores”.

Agradecemos la colaboración de Eduardo Rodríguez, consejero de El Hogar Obrero.